Instituto Superior de Estudios Lomas de Zamora // DIEGEP 6571 // CUE 0620756-00

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Comunidad

Crecemos más en cemento que en población: ¿hacia dónde se expanden nuestras ciudades?

Si miramos cómo evolucionó América Latina en los últimos veinte años, la lógica indicaría que somos millones de personas amontonadas en las mismas grandes urbes. Sin embargo, un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) revela una realidad que desafía esa intuición: la superficie edificada de la región creció a un ritmo mucho mayor que su población.

En resumen: la región consume más metros cuadrados de suelo por habitante, y ese crecimiento se concentra, sobre todo, fuera de los centros urbanos tradicionales.

Mientras las ciudades consolidadas mantuvieron un promedio estable de espacio por persona, el verdadero dinamismo de la construcción se trasladó a las periferias. Fuera de los centros urbanos, el suelo edificado se expandió al doble de velocidad que la población. En regiones como Centroamérica y México, el dato es elocuente: más del 70% de las nuevas viviendas se levantaron lejos de los centros consolidados.

El contraste: viviendas vacías y expansión periférica
Este fenómeno de expansión territorial convive con una paradoja llamativa. Por un lado, nos alejamos del núcleo urbano buscando más espacio: pasamos de utilizar 42 metros cuadrados por persona en el año 2000 a unos 60 o 70 metros en las periferias, y más de 120 en zonas rurales y dispersas.

Pero, al mismo tiempo, la ciudad ya construida esconde un desaprovechamiento considerable. Según estimaciones de la CEPAL, más del 14% del parque de viviendas de la región —cerca de 32 millones de unidades— se encuentra total o parcialmente desocupado. ¿Por qué seguimos impulsando desarrollos en los bordes mientras una porción importante de la infraestructura existente queda subutilizada?

 

Cuando la expansión urbana deja huella:

Crecer en baja densidad y de forma fragmentada no es gratuito; genera impactos directos que repercuten en el plano ambiental, económico y social:

  • Pérdida de suelo natural: Cerca de la mitad de la superficie transformada en las últimas dos décadas correspondía a vegetación densa o suelos áridos, y un tercio eran áreas boscosas. Esto reduce los servicios ecosistémicos y eleva la vulnerabilidad ante eventos climáticos severos.
  • Movilidad y emisiones: Las ciudades extendidas alargan los trayectos cotidianos. Esto se traduce en mayores tiempos de viaje, un consumo superior de combustible y un incremento inevitable en la emisión de gases de efecto invernadero.
  • Costos de infraestructura: Llevar servicios básicos (agua potable, saneamiento, electricidad y transporte) a barrios alejados y de baja densidad implica costos fiscales altísimos por habitante. A largo plazo, esto dificulta la llegada del Estado y profundiza la segregación socioespacial.

 

Repensar el territorio para el futuro:

El informe de la CEPAL nos deja interrogantes fundamentales que atraviesan múltiples disciplinas: ¿qué factores están impulsando este crecimiento expansivo? ¿Cómo podemos incentivar el aprovechamiento de la ciudad ya construida?

Las decisiones sobre el uso del suelo que tomamos hoy definirán las condiciones de vida de las próximas décadas. Quizás el desafío actual no sea medir el desarrollo urbano únicamente por cuánta superficie logramos urbanizar, sino por la capacidad de construir ciudades más eficientes, integradas y sostenibles.

Fuentes:

https://plataformaurbana.cepal.org/es/noticia/la-superficie-edificada-en-america-latina-y-el-caribe-crecio-mas-rapido-que-la-poblacion

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